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Cuentos con moraleja: "Una bella enseñanza"

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Un estudiante universitario salió un día a dar un paseo por los jardines del campus con un profesor, a quien los alumnos consideraban un buen amigo debido a su bondad para con todos. Mientras caminaban, vieron encima de un banco, de los que suelen haber en los jardines, un par de zapatos viejos y un abrigo. Supusieron que pertenecían al anciano que trabajaba en el jardín y que estaría por terminar sus labores diarias.

El alumno dijo al profesor:

—Gastémosle una broma. Escondamos los zapatos y ocultémonos detrás de esos arbustos para ver su cara cuando no los encuentre.

— Querido amigo -le dijo el profesor, nunca debemos divertirnos a expensas de los pobres. Tú eres rico y puedes darle una alegría a este hombre. Coloca una moneda en cada zapato y luego nos ocultaremos para ver cómo reacciona cuando las encuentre.

Eso hizo y ambos se ocultaron entre los arbustos cercanos. El hombre pobre, terminó sus tareas del día, y cruzó el jardín en busca de sus zapatos y su abrigo.

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Cuentos con moraleja: "Gracias por sacarme del apuro"

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Un niño de nueve años está sentado en su pupitre y, de repente, hay un charco a sus pies y la parte de adelante de sus pantalones está mojada.

Piensa que su corazón se va a detener porque no puede imaginarse cómo esto pudo haber sucedido. Nunca antes le había pasado. Y sabe que cuando los niños se den cuenta no habrá final, no pararán. Cuando las niñas se den cuenta, no volverán a hablarle mientras viva…

El niño piensa que su corazón se va a detener; agacha la cabeza y dice esta oración:

—Querido Dios, esto es una emergencia. ¡Necesito ayuda ahora! Si no haces algo estoy muerto.

Al levantar la cabeza después de su oración ve venir a la maestra con una mirada que le hace pensar que ha sido descubierto.

Mientras la profesora camina hacia él, una compañera de nombre Susie va cargando un pez dorado en una pecera llena de agua. Susie se tropieza frente a la profesora e inexplicablemente derrama toda el agua en el regazo del muchacho.

El niño aparenta estar enojado, pero al mismo tiempo está diciendo dentro de sí:

—¡Gracias, Señor! ¡Gracias, Señor!

Ahora, de repente, en lugar de ser ridiculizado, el niño es objeto de la pena de todos. La profesora lo lleva rápidamente abajo y le hace poner unos pantalones de gimnasia mientras se secan sus pantalones. Todos los otros niños están arrodillados limpiando alrededor de su pupitre.

El niño salió del apuro; pero como así es la vida, el ridículo que le habría tocado enfrentar fue pasado sobre alguien más, Susie.

Ella trata de ayudar, pero le dicen que se quite:

—Ya has hecho suficiente, ¡torpe!

Al final de la jornada, mientras están esperando el bus, el niño se dirige a Susie y, en voz baja le dice:

—Lo hiciste a propósito, ¿verdad?

Susie le responde, también en voz baja:

—Yo también me oriné en los pantalones una vez.

*** *** ***

La auténtica caridad es capaz de actuar así. Uno no piensa tanto en el mal que le pueda venir, cuanto en ayudar a otro a salir de un apuro. Los santos siempre actuaron así. Aprendamos también nosotros a vivir la caridad hasta en estos detalles aparentemente tan pequeños; puede que a nosotros nos cueste pasar un poco de vergüenza, pero habremos ayudado a otro a salir de un “grave apuro”.

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Cuentos con moraleja: "El ejemplo de Santa Isabel de Hungría"

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Santa Isabel de Hungría (1207-1231) siendo casi niña se casó con Luis, landgrave de Turingia, a quien dio tres hijos, y al quedar viuda, después de sufrir muchas calamidades y siempre inclinada a la meditación de las cosas celestiales, se retiró a Marburgo, en la actual Alemania, en un hospital que ella misma había fundado, donde, abrazándose a la pobreza, se dedicó al cuidado de los enfermos y de los pobres hasta el último suspiro de su vida.

A los cuatro años había sido prometida en matrimonio, se casó a los catorce, fue madre a los quince y enviudó a los veinte. Isabel, princesa de Hungría y duquesa de Turingia, concluyó su vida terrena a los 24 años de edad. Cuatro años después el Papa Gregorio IX la elevaba a los altares.

Vistas así, a vuelo de pájaro, las etapas de su vida parecen una fábula, pero si miramos más allá, descubrimos en esta santa las auténticas maravillas de la gracia y de las virtudes.

Su padre, el rey Andrés II de Hungría, primo del emperador de Alemania, la había prometido por esposa a Luis, hijo de los duques de Turingia, cuando sólo tenía 11 años. A pesar de que el matrimonio fue arreglado por los padres, fue un matrimonio vivido en el amor y una feliz conjunción entre la ascética cristiana y la felicidad humana, entre la diadema real y la aureola de santidad. La joven duquesa, con su austeridad característica, despertando el enojo de la suegra y de la cuñada al no querer acudir a la Iglesia adornada con los preciosos collares de su rango:

—“¿Cómo podría—dijo cándidamente—llevar una corona tan preciosa ante un Rey coronado de espinas?”

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Cuentos con moraleja: "El buen pastor"

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AI final de una cena en un castillo inglés, un famoso actor de teatro entretenía a los huéspedes declamando textos de Shakespeare.

Luego se ofreció a que Ie pidieran algún “bis”. Un sacerdote muy tímido preguntó al actor si conocía el salmo 22. EI actor respondió:

Sí, lo conozco y estoy dispuesto a recitarlo sólo con una condición: que después también lo recite usted.

EI sacerdote se sintió un poco incómodo pero accedió a la propuesta. EI actor hizo una bellísima interpretación, con una dicción perfecta, de “EI Señor es mi pastor, nada me falta… “ Los huéspedes aplaudieron vivamente.

Llegó el turno del sacerdote, que se levantó y recitó las mismas palabras del salmo 22. Esta vez, cuando terminó, no hubo aplausos, sólo un profundo silencio y lágrimas en algún rostro.

EI actor se mantuvo en silencio unos instantes, luego se levantó y dijo:

Señoras y Señores, espero que se hayan dado cuenta de lo que ha ocurrido aquí esta noche. Yo conozco el Salmo, pero este hombre conoce al Pastor.

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Cuentos con moraleja: "¡Gracias por ser parte de mi hoguera!"

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Un hombre, que regularmente asistía a las reuniones religiosas con sus amigos, sin ningún aviso dejó de participar en sus actividades. Después de algunas semanas, una noche muy fría de invierno, el líder de aquel grupo de amigos decidió ir a visitarlo.

Encontró al hombre en su casa solo, sentado frente a una chimenea donde ardía un fuego brillante y acogedor.

Adivinando la razón de la visita, el hombre dio la bienvenida al líder, y después, se hizo un gran silencio. Los dos hombres sólo contemplaban la danza de las llamas en torno a los troncos de leña que crepitaban en la chimenea.

Al cabo de algunos minutos el líder, sin decir palabra, examinó las brasas que se formaban en la lumbre y seleccionó una de ellas, la más incandescente de todas, y la separó de las demás con unas tenazas. Hecho esto, volvió a sentarse.

El anfitrión prestaba atención a todo fascinado pero inquieto. Al poco rato, la llama de la brasa solitaria disminuyó, hasta que se apagó por completo. En poco tiempo, lo que había sido una muestra de luz y de calor, no era más que un negro, frío y muerto pedazo de carbón.

Muy pocas palabras habían sido dichas desde el saludo inicial.

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Cuentos con moraleja: "Estar siempre preparados"

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Debemos estar preparados en todo momento, no con miedo, sino con la confianza que nos da el amor. Cuando esperamos la llegada de alguien a quien amamos, nos preparamos para recibirle y procuramos tener a punto todo cuanto necesita para que esté a gusto entre nosotros.

Un famoso escritor italiano relataba en su diario de viajes:

Llegué a Villa Areconati, junto al lago de Como, una joya de los Alpes italianos. Un jardinero me abrió la pesada puerta de hierro y me condujo a través del admirable jardín de la mansión. Mientras caminábamos por aquel hermoso parque, se desarrolló la siguiente conversación:

¿Cuánto tiempo hace que está usted aquí?

Veinticinco años.

¿Y cuántas veces ha visitado su amo esta propiedad?

Unas cuatro veces, si mal no recuerdo.

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