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Cuentos con moraleja: "No es mi problema"

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Érase una vez una familia de granjeros que vivía en su granja a unos diez kilómetros de un pueblecito de Cáceres allá por los años cuarenta del siglo pasado. Los pobres granjeros llevaban años luchando contra una plaga de ratones que se comían el grano e incluso entraban a la cocina de la casa y robaban todo lo que podían.

Por esos días pasó por el pueblo un buhonero con su carro tirado por una mula vieja, delgada y cansina en el andar. Cuando nuestros granjeros supieron que el buhonero estaba en el pueblo, se acercaron a preguntarle:

-          Disculpe, Sr. Buhonero, ¿no tendría usted una trampa para cazar ratones? Es que tenemos una plaga de ratones en la granja y no hay modo de terminar con ellos.

El Sr. Buhonero buscó entre sus pertenencias y encontró lo que le habían pedido. Puso el cepo en una cajita de cartón y se lo entregó a nuestros granjeros a cambio de dos kilos de trigo.

Cuando los granjeros llegaron a su casa, se dispusieron a preparar la trampa; pero no se dieron cuenta que un ratón había estado mirando por un agujero pequeño que había en la pared de la cocina. En su mente, nuestro amigo Ratón, se imaginó un buen trozo de queso o cualquier otra comida apetitosa que sus señores acababan de comprar; pero cuando abrieron el paquete quedó aterrorizado al descubrir que era una trampa para cazarle a él

Tremendamente asustado, fue corriendo al patio de la granja para advertir al resto de los animales que allí vivían:

-          "¡Hay una ratonera en la casa, una ratonera en la casa! ¡Los amos han comprado una ratonera!”.

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Domingo XXXIII del T.O. (B) (18 noviembre 2018)

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(Mc 13: 24-32)

“Pero en aquellos días, después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potestades de los cielos se conmoverán. Entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes con gran poder y gloria. Y entonces enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos desde los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo. Aprended de la higuera esta parábola: cuando sus ramas están ya tiernas y brotan las hojas, sabéis que está cerca el verano. Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que es inminente, que está a las puertas. En verdad os digo que no pasará esta generación sin que todo esto se cumpla. El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. Pero nadie sabe de ese día y de esa hora: ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, sino el Padre”.

“Después de aquella tribulación, el sol se oscurecerá y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potestades de los cielos se conmoverán. Entonces verán al Hijo del Hombre que viene sobre las nubes con gran poder y gloria”.

Desde bien pequeños se nos enseñan en el catecismo que este mundo en el que ahora vivimos, y que para muchos es lo único que existe, llegará a su fin. Para que no haya duda de ello el Señor nos lo dice en el evangelio de hoy. Al mismo tiempo, para que no nos coja de sorpresa, nos da una serie de señales con el fin de que podamos reconocer su próxima venida y así estar preparados.

“Y entonces enviará a los ángeles y reunirá a sus elegidos desde los cuatro vientos, desde el extremo de la tierra hasta el extremo del cielo”.

Y todos sabemos para qué los reunirá, para llevarlos junto a Sí. En cambio, aquellos “que no formaban parte de sus elegidos” irán a parar al fuego eterno (Mt 25:46). Esta elección no es fruto de una predestinación, sino de haber vivido cumpliendo su voluntad (Mt 25:34).

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Los frutos del Espíritu Santo

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FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

Del Catecismo:
1832 Los frutos del Espíritu son perfecciones que forma en nosotros el Espíritu Santo como primicias de la gloria eterna. La tradición de la Iglesia enumera doce: ‘caridad, gozo, paz, paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad’ (Gal 5: 22-23, vg.).

 Los Doce frutos del Espíritu Santo: 

"El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de sí; contra tales cosas no hay ley."  (Gal 5:22-23) 

Cuando el Espíritu Santo da sus frutos en el alma, vence las tendencias de la carne.

Cuando el Espíritu opera libremente en el alma, vence la debilidad de la carne y da fruto.

"Velad y orad, para que no caigáis en tentación; que el espíritu está pronto, pero la carne es débil" (Mt 26:41) 

Obras de la carne: Fornicación, impureza, libertinaje, idolatría, superstición, enemistades, peleas, rivalidades, violencias, ambiciones, discordias, sectarismo, disensiones, envidias, ebriedades, orgías y todos los excesos de esta naturaleza. (Gal 5: 19).

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Dirección: Km 11.5 Vía Samborondón, junto a Ciudadela San Antonio. Teléfono: (593-4) 4506555 Celular: 0988 778 576
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